Esta fecha importante para los orureños, nos lleva a conocer algo más en la historia de nuestro pueblo, que de forma valerosa determinó revelarse contra quienes detentaban en poder sobre los nacidos en esta tierra.
Sin duda fueron muchos los factores que influyeron para que exista una revolución, y de estos no podía estar exento el tema económico, fundamental en el desarrollo de los pueblos.
Sin embargo encontramos que siempre existieron intereses un tanto particulares de un grupo minoritario de personas que impulsaron a que el pueblo se levante, sin que esto quiera decir, que sí existían resentimientos colectivos que primaron en la rebelión.
Han existido personas que dieron testimonio de esto, resaltando que una de las causas para que se dé la revolución del 10 de Febrero de 1781, fue la crisis en la minería de Oruro y la desesperación de quienes eran los grandes mineros de aquella época.
De forma bastante elocuente, cuenta este pasaje de la historia, el historiador Fernando Cajías de la Vega, en su libro Oruro 1781: Sublevación de Indios y Rebelión Criolla.
Los antecedentes señalan que Oruro, al igual que Potosí, es un asiento minero de larga duración. Todavía hoy, a cuatro siglos de su descubrimiento, existen minas en explotación. Sin embargo esa explotación no fue constante. Oruro vivió sus ciclos de auge y ciclos de depresión.
Cajías hace referencia a Manuel Vicente Ballivián, conocido polígrafo boliviano de principio del siglo XX, que resumió así cuatro siglos de historia minera en Oruro:
"El asiento minero de San Felipe de Austria de Oruro fue digno competidor en opulencia y población de la Villa Imperial de Potosí en la era del coloniaje español… tuvo sus períodos de postración y decadencia, marcándose como el más grave el que lo afligiera desde la general sublevación de Túpac Katari en 1781. En la época de nuestra vida independiente, pasó por alternativas de bonanza y hasta de suma decadencia".
Desde fines del siglo XVII hasta 1740 se vivieron el empobrecimiento y el despoblamiento de la Villa; pero, en esa década, hubo una reacción poderosa para ella, debido al descubrimiento de nuevas minas de plata en Poopó donde acudieron desde Oruro.
Poopó, capital de la provincia vecina de Paria, estaba bajo la jurisdicción económica de las Cajas Reales de Oruro; por ello, la producción de plata de Poopó incrementó los ingresos de Oruro. Por otra parte, la explotación de esas minas estuvo en manos de mineros criollos orureños, especialmente del más próspero de ellos: Juan de Dios Rodríguez.
Al descubrimiento de estas minas, para lograr el nuevo ciclo de auge se sumaron otros factores similares a los de otros asientos mineros del continente: la rebaja del impuesto, la rebaja del precio del azogue, la consolidación del sistema de trapiche. Sin embargo, el nuevo auge de la minería orureña no contó con el mismo apoyo de las reformas borbónicas que otros lugares: no se dio con la misma fuerza la política de apoyo al gremio minero ni a la política de mejoramiento técnico. Esto explica, en gran medida, por qué la minería orureña fue mucho más vulnerable a los efectos de la sublevación general de 1780.
La incidencia de la minería en los ingresos globales y el aumento o disminución de las recaudaciones por concepto de diezmos y azogue, son indicadores fundamentales para demostrar que en la segunda mitad del siglo XVIII, se distinguen dos períodos en la historia de la minería orureña; no de crecimiento y otro de decadencia. La división entre ambos está marcada en el año 1781, año de la rebelión general de indios y la sublevación criolla, división que no es absoluta, ya que los síntomas de la crisis se sintieron ya a fines de la década del 70.
Para entender un poco más lo que se quiere decir, es que se toma la declaración de Santelices ante la Audiencia del 9 de marzo de 1781. Fue el cura Menéndez, en 1784, quien confirmó que Santelices se refugió en su Iglesia y que él en persona lo ayudó a escapar.
Santelices refirió que uno de los motivos para la profunda enemistad entre mineros criollos y comerciantes europeos se debía a la crisis económica de ese tiempo y que por ello se dio el enfrentamiento del 10 de febrero.
"Hacia 10 años que se experimentaba un total atraso en las labores de las minas, de modo que en la actualidad (1781) no había una sola que llevase formal trabajo ni pudiese rendir a su dueño lo necesario para su conservación y giro, siendo lo único que sostenía el vecindario; cuya total decadencia puso a sus mineros en tal lamentable constitución, que los que se contaban por principales y en otros tiempos poseían agigantados caudales, como eran los Rodríguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estado de inopia, descubierto en muchos miles, así al Rey como con otros particulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores, por falta de medios. Los europeos, que eran los únicos habilitadores, ya no querían suplirles cantidad alguna, y deudas, maquinaron esta rebelión, que se hará dudosa a los tiempos venideros, por el conjunto de muertos robos, sacrilegios y profanaciones y demás crueldades que se ejecutaron…".
Cajías afirma que los síntomas de agotamiento, es indudable, se sintieron años antes de la sublevación. Esto se refleja no sólo en la baja recaudación fiscal en el bienio 1779-1780, sino sobre todo en la quiebra de algunos de los principales mineros criollos. La falta de liquidez para adquirir azogue y pagar los impuestos al fisco los llevó a buscar créditos de los comerciantes, que eran europeos en su mayoría. Por ejemplo, el otrora acreedor Diego Flores estaba endeudado al comerciante europeo Josep Ruiz Sorzano. Jacinto Rodríguez trabajaba en una mina que no rendía mucho y se vio obligado a depender de su hermano Juan de Dios; Manuel Herrera pasaba por grandes dificultades para trabajar su ingenio.
Tanto por la crónica citada como por otros documentos, puede deducirse hasta qué punto los principales mineros criollos, incluyendo Juan de Dios Rodríguez, carecían de liquidez para pagar sus deudas.
Los préstamos para adquirir azogue no sólo distanciaron a criollos y europeos; también originaron conflictos entre criollos entre grandes y pequeños mineros. Tal es el caso de la contienda entre Clemente Menacho y su cuñado Diego Quiroz, contienda que los llevó a declarar el uno contra el otro en el proceso posteriormente seguido a los principales de Oruro.
Esta situación, sumada a la intromisión de la burocracia en los negocios mineros, fue causa esencial para el desencadenamiento de la sublevación criolla de 1781. Esta revuelta, unida a la sublevación general de indios, precipitó la caída de la producción argentífera.
Este año recaudaron, por concepto de diezmos y cobros, tan sólo 26.000 pesos, Hasta 1785, la recaudación se mantuvo en un nivel muy bajo, llegó a ser incluso menor que el tributo indigenal, que también estaba en crisis. El bienio 1784-1785, inmediatamente posterior a la prisión de los principales mineros criollos, registró la recaudación más baja.
Esta era la situación en los años inmediatamente posteriores a la sublevación: mortandad y éxodo de la mano de obra indígena, carestía de alimentos, escasez de azogue y paralización casi total de las labores de minas e ingenio tanto en Oruro como en Paria.
La paralización en el trabajo minero tuvo un proceso de decadencia que empezó antes de la sublevación; pero ésta y la consiguiente prisión de los principales mineros y azogueros criollos desencadenaron una crisis mucho más profunda; sus minas, ingenios y trapiches fueron embargados a depositarios y arrendatarios, quienes, en su mayoría no tuvieron ni la misma capacidad, ni el mismo interés en producir.
domingo, 12 de febrero de 2012
El 10 de Febrero de 1781 significó el inicio de la libertad para América
El 10 de Febrero de 1781 no es una fecha más del calendario histórico del país, sino que su significación va más allá de lo evidente porque encierra un conglomerado de hechos que dieron las directrices para que los pueblos del continente americano logren la tan ansiada libertad de un ejército opresor que no vio en el descubrimiento de América, una conquista en convivencia, sino todo lo contrario, ya que la angurria, la ambición y el deseo de ser superior hicieron escarnio de culturas que vivían en paz.
Pero, para referirnos a lo que sucedió el sábado 10 de Febrero de 1781, es necesario retrotraer algunos antecedentes históricos necesarios. Para ello, nos remontamos dos siglos atrás, cuando en 1595, la que sería la Villa de San Felipe de Austria fue descubierta por el cura don Francisco de Medrano, como consta en su testamento del 2 de noviembre de 1638. Quien tras la fundación sería también el primer alcalde y poblador.
Once años después, vale decir, el 1 de Noviembre de 1606, por cédula de Felipe III, la villa, fue fundada oficialmente por el oidor y delegado especial de la Real Audiencia de Charcas, Manuel de Castro Castillo y Padilla.
Oruro es una palabra que proviene de la modificación de la palabra "Uru", cuyo significado, es: "Donde nace la luz". Tras la fundación de la Villa, Oruro creció potencialmente debido a su riqueza argentífera, pero con ello también comenzó el abuso del poder que impartía la corona española.
La nueva Villa fue habitada por españoles conocidos como chapetones, que según el Inka Waskar Chuquiwanka Kunturkanki dicha palabra tendría su origen en el vocablo aymara ch’api, por su abundante, frondosa y casi larga barba, cuyo significado es espina. Por lo que los mestizos e indios para designarles a los españoles dijeron chapetón, al no poder pronunciar Ch’api.
También se dice que su significado vendría de la palabra chaposo, que quiere decir mejillas coloradas o rojizas.
La soberbia, la angurria española por la riqueza mineral se convirtió en tiranía contra los criollos, mestizos e indios, que se fue agudizando con el paso de los años. Ese aspecto obligó a que dentro del pueblo oprimido comience a germinar la semilla de la emancipación, la semilla de la libertad.
Es así que a partir de 1725, Juan Vélez de Córdova inicia un proyecto con bases sólidas revolucionarias que permitiría lograr la liberación del yugo español, sin embargo, cinco años después se vería sorprendido, pero no frustrado con la revolución de Calatayud en Cochabamba en 1730, que no tuvo mayor repercusión.
Tendrían que pasar nueve años para culminar su gran aporte a la revolución publicando uno de los documentos más trascendentales de la historia, que traspasó fronteras, el "Manifiesto de Agravios" redactado en 1739. Este documento denunciaba a los españoles que eran infieles a la Iglesia; la opresión que sufrían los criollos y mestizos que pagaban altos tributos; las usurpaciones y robos; el tributo impuesto a los criollos y mestizos, los ahorcamientos de criollos en Cochabamba.
Asimismo, hacía un llamado a los criollos, caciques y naturales a sumarse al deseo del "Inka" para restaurar la monarquía Inca. A cambio prometió a los criollos al convivir en el reino si eran fieles, a los caciques honrarlos y a los naturales a liberarlos del tributo y la mita.
Aprovecha el momento, cuando España estaba en guerra contra Portugal e Inglaterra, por la armada en Portobelho.
El golpe estaba programado para el 8 de julio, sin embargo, es delatado y luego apresado el 6 de julio de 1739. Murió colgado junto a otros de sus seguidores y quedó la revolución en suspenso.
¿DOS CASOS AISLADOS?
Pero, el trabajo de Juan Vélez de Córdova no fue en vano, sino que se fue expandió por el continente y la idea de la liberación del yugo español se consolidó poco a poco. Una clara muestra de ello son las manifestaciones revolucionarias en poblaciones cercanas a Oruro, como la de 1779 con Tomás Catari en Macha cuando se declara cacique y 1781 de Túpac Amaru, aunque no compartimos la idea de que estos dos líderes indígenas hayan tenido en mente la formación de una Patria libre e independiente.
En el primer caso, Catari exigía su derecho de volver al cargo de Gobernador de Indios del cual fue destituido por Blas Doria Bernal en 1778, ordenado por el corregidor de Chayanta, Joaquín Alós. Su relevamiento del cargo, motivó la movilización de los indígenas, fue apresado y para ser juzgado en Chuquisaca fue asesinado, tras ser empujado para caer a un barranco, después de promover el cerco a La Paz.
En el segundo caso, Túpac Amaru tenía como convicción, retomar el incario a través de la monarquía inca, murió el 18 de mayo de 1781. Su presencia fue más fuerte que la de Tupac Catari, ya que los indígenas bajo su dirección propiciaron la mayor rebelión en contra de la Corona española.
LOS ANTECEDENTES
Esos dos aspectos no influyeron para nada en la revolución del 10 de Febrero de 1781, aunque algunos cronistas afirman que el nombre de Túpac Amaru se escuchó bastante en la revolución de febrero, sin que él haya estado presente.
Como antecedentes a tan magna fecha señalamos por ejemplo la baja en el precio de los minerales, el cierre de varias de las minas de la Villa, los problemas políticos, la economía y el comercio.
El otro gran conflicto era de dos grupos de poder: Los criollos potentados, como Domingo Herrera, los Galleguillos, Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, Diego Flores, Isidro de la Riva y otros que atravesaban una crisis a consecuencia de los problemas señalados, contra los europeos.
Se conoce también que los nuevos impuestos y el establecimiento de aduanas contribuyeron al tema de descontento. Asimismo el impuesto a la coca fue otro factor que aportó a la revolución, por ello se tiene registrado los nombres de los detallistas Pedro Ascuas y Bernabé Pineda, como líderes de la sublevación.
Lo político también estaba marcado por la supremacía de alcaldes de origen español, contra el de los criollos. El odio y la rivalidad se fueron acrecentando. A inicios de 1781 se llevaron adelante las elecciones municipales, los criollos tenían su partido para pugnar contra el de la corona española el 1 de enero de ese año. Cabe resaltar que ellos, ya conocían a Túpac Amaru antes de la revolución del 10 de Febrero.
Si bien Amaru no estaba presente en esta zona del Alto Perú, sus pasquines influyeron mucho, atemorizando a la realeza, con amenazas de muerte.
Según el diario de Fray Josef de Echeverría se reconstruyeron los hechos de aquel sábado 10 de Febrero de 1781. El cura los denominó con el título de: "Relación verdadera de los lastimosos sucesos ocurridos en la Villa de Oruro con motivo de haber los mestizos y cholos de ella procedido inicuamente a quitar la vida de los españoles europeos que la habitaban. Escrita en contraposición del diario falso, que formó, sugerido de su malicia, un parcial de los amotinados de 1781".
Para el historiador orureño, Adolfo Mier, la Revolución de Oruro no secundó a la resistencia de Catari, ni a la sublevación de Túpac Amaru; fue la verdadera iniciativa de la Guerra de la Independencia… La verdadera causa de esa revolución se deja conocer en la proclama de Sebastián Pagador.
Mientras que para Marcos Beltrán Ávila, los hermanos Rodríguez tuvieron mayor protagonismo que Sebastián Pagador. Y para Boleslao Lewin puso al 10 de Febrero en el contexto de la sublevación de los indios iniciada por Túpac Catari.
LA REVOLUCIÓN
La situación en la Villa era complicada por todos los antecedentes mencionados, pero qué pasó exactamente la fecha de la Revolución. El 9 de febrero de 1781, según el relato de Barbel, abogado de los criollos, describió:
"Los europeos se creían que la plebe y los cholos de Oruro, lejos de ayudarles contra el enemigo común, habían de aliarse más bien con éste y, por eso, los europeos se preparaban a la defensa con cautela y separación de los criollos, destinando por fuerte la causa que habitaban los mismos europeos en la misma Plaza del Regocijo.
Por lo mismo, procuraron que la Compañía de negros estuviese prevenida de armas, separada en el cuartel de las otras y al cargo solo de don Francisco Santelices, europeo que habría provocado irritar el ánimo de los criollos, no dejaron estos de traslucir aquellas desconfianzas de los europeos, llegando a oír y sentir las amenazas de muerte que les hacía Santelices, Bullaín, cajero de Urrutia, y otros europeos inconsiderados como estos.
La plebe y cholos se veían en el cuartel sin armas, cuando las tenían los negros esclavos del comando de Santelices; pues cada uno de estos tenía su cuchillo y rodela, veían los acuartelados que se mandaban a hacer cartuchos de pólvora y bala, que se remitían a la casa o fuerte de los europeos.
Crecen por instantes las sospechas y se comunican hasta las mujeres e ínfima plebe, levantan el grito, dan sus quejas al corregidor, determinantemente como Santelices y Bullaín; pero el tal corregidor nada ejecuta…
Qué mala política la de Urrutia, cuando es constante, según las prevenciones y ejemplares que trae el citado, vizconde de Puerto, que si los pueblos se quejan aunque sea el jefe o la Comandancia, debe éste mudarse y hasta las guarniciones enteras deben desalojarse, siempre que hayan dado lugar a resentimientos en los paisanos; porque de otra forma se expone, según el mismo vizconde expresa, aún tumulto, pero nada de esto pensó ni ejecutó Urrutia, sino que siguió a Santelices y Bullaín y sin darles armas a los milicianos acuartelados".
En el diario del Fray Josef de Echeverría identificó a otros criollos como parte de la conjura, cuyo brazo principal era Rodríguez – Pagador. El cura se manifestó de la siguiente manera:
"Sebastián Pagador había sido muchos años sirviente en las minas de los Rodríguez y en la actual estación por las tardes con su patrón, Don Jacinto en la mina y entre las buchadas de coca y chicha que tomaban, salió el expresado Don Jacinto, con el adefesio de que el corregidor lo quería ahorcar, en primer lugar a él, en segundo lugar a sus dos hermanos y últimamente a Don Manuel Herrera y demás patricios honrados que había en la Villa. Con esto, irritado el expresado Pagador, le facilitó el asesinato, que después ejecutaron…"
El otro articulador, según la misma relación era Nicolás Herrera. El cura lo describió así:
"Hallábase éste, a la sazón, divirtiéndose con dos eclesiásticos: el uno era el doctor Don Manuel Amézaga, cura de Challacollo, y el otro, Fray Lazo, de la orden de San Agustín. Alborotáronse todos con la noticia de que este bribón les trajo y suplicó a los dos eclesiásticos, dicho (comerciante Casimiro) Delgado, para que fuesen a avisar esta fatalidad que amenazaba a los acuartelados. Estos eclesiásticos, sin la menor reflexión y acuerdo, dando crédito a la iniquidad tramada por (Nicolás) Herrera, pasaron inmediatamente a dicho cuartel, llamaron al capitán Menacho y a otros que le acompañaban y les dieron noticia de lo que sabían, previniéndoles que guardasen".
Sin embargo, un elemento fundamental para la revolución fueron las mujeres, como la hija de Sebastián Pagador, que hizo correr el rumor de lo que sucedería el 10 de Febrero:
"Con esto y a la voz de traición, que ya el expresado Herrera había esparcido por las principales calles de la Villa, confirmaron de verdadera, la nueva que trajo la hija de Pagador, porque acudían en tropas crecidas a dicho cuartel, las madres, hijas y hermanas de los soldados, unas llevando armas para que se defendiesen y otras dando voces y pidiendo con lágrimas dejasen el cuartel".
PROCLAMA DE SEBASTIÁN PAGADOR
Todo momento caldeado tuvo siempre a sus héroes proclamados por su gente, quienes aprovechando el fragor de los sucesos, consolidaron esa confianza con discursos y proclamas, como fue hecha por uno de ellos, Sebastián Pagador:
"AMIGOS, PAISANOS Y COMPAÑEROS: Estad ciertos de que se intenta la más alevosa traición contra nosotros por los chapetones; esta noticia acaba de impartírseme por mi hija; en ninguna ocasión podremos dar evidentes pruebas de honor y amor por la Patria, sino en esta. No estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas en defensa de la Patria, convirtiendo toda la humanidad y rendimiento con que hasta aquí hemos sufrido la traición de los chapetones, en ira y furor, para despedazarlos y acabar, si es posible, con esta maldita raza".
Pero, qué dijo Juan Alberto Mejía, abogado de la Real Audiencia en su confesión de 1784:
"El origen de dicha sublevación fue una aprehensión que formó la plebe de Oruro de que los españoles europeos que allí había y vivían en la casa de Don Diego Flores, parte de ellos, en la que reunieron sus caudales y personas, los habían de matar, no fiándose de dicha plebe, temerosos de ser entregados por ella a los indios, que ya hacía algún tiempo estaban alterados en las provincias inmediatas y Oruro prevenida para en el caso de algún acometimiento, con arreglamento de algunas Compañías, y demás providencias conducentes a la defensa; cuya aprehensión parece que fundó la plebe en ciertas expresiones relativas a este mismo concepto, con que hubieron de explicarse los europeos don Francisco Santelices y don José Caballero, sobre las que oyó hablar el confesante a don Ventura Ayarza, también europeo manifestando al corregidor don Ramón de Urrutia (en cuya casa se hallaba el mismo que confiesa y la que trataba con frecuencia sirviéndole muchas veces de asesor confidencial) estas terminantes palabras:
"Es preciso, señor Corregidor, que cuando haya invasión de indios, vayan los cholos por delante y quitar las armas de fuego a los que las tengan porque no habremos de pelear con dos enemigos".
Que las otras especies de Santelices y Caballero las oyó entre otras personas a Clemente Menacho, el que le aseguró al confesante haberlas proferido los mismos citados, habiendo entendido también el confesante de Nicolás Iriarte, en cuya casa vivía, que había ido a dar cuenta al mismo Corregidor para que hiciera alguna satisfacción sobre dichas especies a las gentes acuarteladas, que se le había quejado a Iriarte como oficial de una de las Compañías".
Sumario del 21 de febrero de 1781, declaración de Clemente Menacho:
"Se levantó una voz general esa noche cual fue decirse que los europeos habían maquinado quitar la vida a todos los criollos por suponer que ellos se podían hacer al bando de los indios de manera que las mujeres y deudos de los soldados que se hallaban acuartelados se alborotaron y les llevaron cuchillos, algunas armas de fuego y piedras para la defensa".
Mientras que el testimonio de Manuel Herrera señalaba: "A vista de esto (la negativa de Herrera) regresando a la Plaza advertí que la Primera Compañía de negros al cargo de Santelices y otra que guardaba la esquina de la Matriz, habían avanzado a la gente tumultuada que estaba cerca de las Cajas Reales; igualmente; vi que estaba ardiendo ya la casa de Endeyza, Blanco y otros europeos que se habían acogido en ella, con sus caudales en cantidad de 150.000 a 200.000 pesos a la cual habían puesto fuego aquella Compañía que se había puesto de resguardo en aquel sitio y no pudiendo ya entrar a la Plaza, oyendo entre la gritería las voces de "mata chapetones" y el fuego que hacían Endeyza y los demás que se hallaban en la precitada casa, me mantuve a caballo dando vueltas por fuera de la Villa para ver si entraban indios creyendo que al amanecer se serenase aquel tumulto que me persuadí fuese solo objeto de robar los muchos caudales que se hallaban en casa de Endeyza; pero observando ser que ya era el tumulto general e igualmente el saqueo y el robo y que solo dirigían a quitar las vidas a los chapetones, oyendo la gritería mezclada con los lamentos, escogí el mejor partido de salir fugitivo a Cochabamba".
Los pocos españoles que se encontraban en la casa situada en la Plaza del Regocijo fueron muertos por los orureños, consolidando sólo por ese día el grito revolucionario del 10 de Febrero. Los europeos muertos fueron:
José de Endeyza, Juan Blanco Cruz, Miguel Salinas, Francisco Palazuelos, Juan Pedro Jiménez, Joseph Casas, Pedro Lagrava, Ventura Ayarza, Vicente Larral y Ramón del Llano. Los cuatro primeros de la lista eran ricos comerciantes, sobre todo Endeyza. Este era uno de los principales comerciantes que cubría la ruta de Oruro – Potosí y Buenos Aires. Blanco era un comerciante radicado en Salta.
Según la versión de varios historiadores, después de ese día la revolución que debía extenderse hasta Cochabamba no se la hizo, porque los españoles retornaron a Oruro y con la traición de los indios hacia sus héroes, se frustró para que el movimiento siga creciendo, pero lo que no pudieron hacer, que esa "llama" que germinó ese día, continúe alumbrando el camino de la independencia que más tarde tendría su término en Bolivia, con la Fundación de la República, el 6 de Agosto de 1825.
Ese hecho del 10 de Febrero significó la cárcel para muchos de los cabecillas, como los hermanos Rodríguez que terminaron sus días en la cárcel de Buenos Aires, mientras que para Sebastián Pagador significó la muerte la mañana del 15 de febrero en manos de los propios indígenas a plan de palos y cuchillazos.
El sargento Sebastián Pagador resguardaba el dinero de las cajas reales para continuar con el movimiento libertario a la espera de la llegada de Túpac Amaru, hecho que nunca se dio.
Es complicado entender la historia desde diferentes puntos de vista, unos cronistas resaltando a personajes que para otros no lo son y viceversa. Sin embargo, lo que está claro, que fue Oruro el centro de los principales movimientos revolucionarios y donde las ideologías de la independencia marcaron un rumbo que fue asimilado rápidamente para terminar en un país constituido y cuya ingratitud a ese aporte se vio reflejado en la negativa de ser un departamento en la Fundación de la República.
Los héroes orureños dejan un gran mensaje que debe ser tomado en cuenta ahora, y es el de la unidad que debe estar perenne en cada uno, porque solo así se logrará vencer al yugo de la desidia y desasosiego que reina entre los orureños por intereses muy personales, políticos y de grupo.
Es Oruro la tierra de los luchadores, es Oruro la tierra donde está el pensamiento constante de la revolución, pero es Oruro también un terruño bendecido por Dios, porque tenemos riqueza natural envidiada por otras regiones, riqueza cultural que nos identifica como la Capital del Folklore de Bolivia y su Carnaval, el más maravilloso del mundo, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, cuya esencia central es la fe y devoción a nuestra Patrona, la Virgen del Socavón.
Pero, para referirnos a lo que sucedió el sábado 10 de Febrero de 1781, es necesario retrotraer algunos antecedentes históricos necesarios. Para ello, nos remontamos dos siglos atrás, cuando en 1595, la que sería la Villa de San Felipe de Austria fue descubierta por el cura don Francisco de Medrano, como consta en su testamento del 2 de noviembre de 1638. Quien tras la fundación sería también el primer alcalde y poblador.
Once años después, vale decir, el 1 de Noviembre de 1606, por cédula de Felipe III, la villa, fue fundada oficialmente por el oidor y delegado especial de la Real Audiencia de Charcas, Manuel de Castro Castillo y Padilla.
Oruro es una palabra que proviene de la modificación de la palabra "Uru", cuyo significado, es: "Donde nace la luz". Tras la fundación de la Villa, Oruro creció potencialmente debido a su riqueza argentífera, pero con ello también comenzó el abuso del poder que impartía la corona española.
La nueva Villa fue habitada por españoles conocidos como chapetones, que según el Inka Waskar Chuquiwanka Kunturkanki dicha palabra tendría su origen en el vocablo aymara ch’api, por su abundante, frondosa y casi larga barba, cuyo significado es espina. Por lo que los mestizos e indios para designarles a los españoles dijeron chapetón, al no poder pronunciar Ch’api.
También se dice que su significado vendría de la palabra chaposo, que quiere decir mejillas coloradas o rojizas.
La soberbia, la angurria española por la riqueza mineral se convirtió en tiranía contra los criollos, mestizos e indios, que se fue agudizando con el paso de los años. Ese aspecto obligó a que dentro del pueblo oprimido comience a germinar la semilla de la emancipación, la semilla de la libertad.
Es así que a partir de 1725, Juan Vélez de Córdova inicia un proyecto con bases sólidas revolucionarias que permitiría lograr la liberación del yugo español, sin embargo, cinco años después se vería sorprendido, pero no frustrado con la revolución de Calatayud en Cochabamba en 1730, que no tuvo mayor repercusión.
Tendrían que pasar nueve años para culminar su gran aporte a la revolución publicando uno de los documentos más trascendentales de la historia, que traspasó fronteras, el "Manifiesto de Agravios" redactado en 1739. Este documento denunciaba a los españoles que eran infieles a la Iglesia; la opresión que sufrían los criollos y mestizos que pagaban altos tributos; las usurpaciones y robos; el tributo impuesto a los criollos y mestizos, los ahorcamientos de criollos en Cochabamba.
Asimismo, hacía un llamado a los criollos, caciques y naturales a sumarse al deseo del "Inka" para restaurar la monarquía Inca. A cambio prometió a los criollos al convivir en el reino si eran fieles, a los caciques honrarlos y a los naturales a liberarlos del tributo y la mita.
Aprovecha el momento, cuando España estaba en guerra contra Portugal e Inglaterra, por la armada en Portobelho.
El golpe estaba programado para el 8 de julio, sin embargo, es delatado y luego apresado el 6 de julio de 1739. Murió colgado junto a otros de sus seguidores y quedó la revolución en suspenso.
¿DOS CASOS AISLADOS?
Pero, el trabajo de Juan Vélez de Córdova no fue en vano, sino que se fue expandió por el continente y la idea de la liberación del yugo español se consolidó poco a poco. Una clara muestra de ello son las manifestaciones revolucionarias en poblaciones cercanas a Oruro, como la de 1779 con Tomás Catari en Macha cuando se declara cacique y 1781 de Túpac Amaru, aunque no compartimos la idea de que estos dos líderes indígenas hayan tenido en mente la formación de una Patria libre e independiente.
En el primer caso, Catari exigía su derecho de volver al cargo de Gobernador de Indios del cual fue destituido por Blas Doria Bernal en 1778, ordenado por el corregidor de Chayanta, Joaquín Alós. Su relevamiento del cargo, motivó la movilización de los indígenas, fue apresado y para ser juzgado en Chuquisaca fue asesinado, tras ser empujado para caer a un barranco, después de promover el cerco a La Paz.
En el segundo caso, Túpac Amaru tenía como convicción, retomar el incario a través de la monarquía inca, murió el 18 de mayo de 1781. Su presencia fue más fuerte que la de Tupac Catari, ya que los indígenas bajo su dirección propiciaron la mayor rebelión en contra de la Corona española.
LOS ANTECEDENTES
Esos dos aspectos no influyeron para nada en la revolución del 10 de Febrero de 1781, aunque algunos cronistas afirman que el nombre de Túpac Amaru se escuchó bastante en la revolución de febrero, sin que él haya estado presente.
Como antecedentes a tan magna fecha señalamos por ejemplo la baja en el precio de los minerales, el cierre de varias de las minas de la Villa, los problemas políticos, la economía y el comercio.
El otro gran conflicto era de dos grupos de poder: Los criollos potentados, como Domingo Herrera, los Galleguillos, Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, Diego Flores, Isidro de la Riva y otros que atravesaban una crisis a consecuencia de los problemas señalados, contra los europeos.
Se conoce también que los nuevos impuestos y el establecimiento de aduanas contribuyeron al tema de descontento. Asimismo el impuesto a la coca fue otro factor que aportó a la revolución, por ello se tiene registrado los nombres de los detallistas Pedro Ascuas y Bernabé Pineda, como líderes de la sublevación.
Lo político también estaba marcado por la supremacía de alcaldes de origen español, contra el de los criollos. El odio y la rivalidad se fueron acrecentando. A inicios de 1781 se llevaron adelante las elecciones municipales, los criollos tenían su partido para pugnar contra el de la corona española el 1 de enero de ese año. Cabe resaltar que ellos, ya conocían a Túpac Amaru antes de la revolución del 10 de Febrero.
Si bien Amaru no estaba presente en esta zona del Alto Perú, sus pasquines influyeron mucho, atemorizando a la realeza, con amenazas de muerte.
Según el diario de Fray Josef de Echeverría se reconstruyeron los hechos de aquel sábado 10 de Febrero de 1781. El cura los denominó con el título de: "Relación verdadera de los lastimosos sucesos ocurridos en la Villa de Oruro con motivo de haber los mestizos y cholos de ella procedido inicuamente a quitar la vida de los españoles europeos que la habitaban. Escrita en contraposición del diario falso, que formó, sugerido de su malicia, un parcial de los amotinados de 1781".
Para el historiador orureño, Adolfo Mier, la Revolución de Oruro no secundó a la resistencia de Catari, ni a la sublevación de Túpac Amaru; fue la verdadera iniciativa de la Guerra de la Independencia… La verdadera causa de esa revolución se deja conocer en la proclama de Sebastián Pagador.
Mientras que para Marcos Beltrán Ávila, los hermanos Rodríguez tuvieron mayor protagonismo que Sebastián Pagador. Y para Boleslao Lewin puso al 10 de Febrero en el contexto de la sublevación de los indios iniciada por Túpac Catari.
LA REVOLUCIÓN
La situación en la Villa era complicada por todos los antecedentes mencionados, pero qué pasó exactamente la fecha de la Revolución. El 9 de febrero de 1781, según el relato de Barbel, abogado de los criollos, describió:
"Los europeos se creían que la plebe y los cholos de Oruro, lejos de ayudarles contra el enemigo común, habían de aliarse más bien con éste y, por eso, los europeos se preparaban a la defensa con cautela y separación de los criollos, destinando por fuerte la causa que habitaban los mismos europeos en la misma Plaza del Regocijo.
Por lo mismo, procuraron que la Compañía de negros estuviese prevenida de armas, separada en el cuartel de las otras y al cargo solo de don Francisco Santelices, europeo que habría provocado irritar el ánimo de los criollos, no dejaron estos de traslucir aquellas desconfianzas de los europeos, llegando a oír y sentir las amenazas de muerte que les hacía Santelices, Bullaín, cajero de Urrutia, y otros europeos inconsiderados como estos.
La plebe y cholos se veían en el cuartel sin armas, cuando las tenían los negros esclavos del comando de Santelices; pues cada uno de estos tenía su cuchillo y rodela, veían los acuartelados que se mandaban a hacer cartuchos de pólvora y bala, que se remitían a la casa o fuerte de los europeos.
Crecen por instantes las sospechas y se comunican hasta las mujeres e ínfima plebe, levantan el grito, dan sus quejas al corregidor, determinantemente como Santelices y Bullaín; pero el tal corregidor nada ejecuta…
Qué mala política la de Urrutia, cuando es constante, según las prevenciones y ejemplares que trae el citado, vizconde de Puerto, que si los pueblos se quejan aunque sea el jefe o la Comandancia, debe éste mudarse y hasta las guarniciones enteras deben desalojarse, siempre que hayan dado lugar a resentimientos en los paisanos; porque de otra forma se expone, según el mismo vizconde expresa, aún tumulto, pero nada de esto pensó ni ejecutó Urrutia, sino que siguió a Santelices y Bullaín y sin darles armas a los milicianos acuartelados".
En el diario del Fray Josef de Echeverría identificó a otros criollos como parte de la conjura, cuyo brazo principal era Rodríguez – Pagador. El cura se manifestó de la siguiente manera:
"Sebastián Pagador había sido muchos años sirviente en las minas de los Rodríguez y en la actual estación por las tardes con su patrón, Don Jacinto en la mina y entre las buchadas de coca y chicha que tomaban, salió el expresado Don Jacinto, con el adefesio de que el corregidor lo quería ahorcar, en primer lugar a él, en segundo lugar a sus dos hermanos y últimamente a Don Manuel Herrera y demás patricios honrados que había en la Villa. Con esto, irritado el expresado Pagador, le facilitó el asesinato, que después ejecutaron…"
El otro articulador, según la misma relación era Nicolás Herrera. El cura lo describió así:
"Hallábase éste, a la sazón, divirtiéndose con dos eclesiásticos: el uno era el doctor Don Manuel Amézaga, cura de Challacollo, y el otro, Fray Lazo, de la orden de San Agustín. Alborotáronse todos con la noticia de que este bribón les trajo y suplicó a los dos eclesiásticos, dicho (comerciante Casimiro) Delgado, para que fuesen a avisar esta fatalidad que amenazaba a los acuartelados. Estos eclesiásticos, sin la menor reflexión y acuerdo, dando crédito a la iniquidad tramada por (Nicolás) Herrera, pasaron inmediatamente a dicho cuartel, llamaron al capitán Menacho y a otros que le acompañaban y les dieron noticia de lo que sabían, previniéndoles que guardasen".
Sin embargo, un elemento fundamental para la revolución fueron las mujeres, como la hija de Sebastián Pagador, que hizo correr el rumor de lo que sucedería el 10 de Febrero:
"Con esto y a la voz de traición, que ya el expresado Herrera había esparcido por las principales calles de la Villa, confirmaron de verdadera, la nueva que trajo la hija de Pagador, porque acudían en tropas crecidas a dicho cuartel, las madres, hijas y hermanas de los soldados, unas llevando armas para que se defendiesen y otras dando voces y pidiendo con lágrimas dejasen el cuartel".
PROCLAMA DE SEBASTIÁN PAGADOR
Todo momento caldeado tuvo siempre a sus héroes proclamados por su gente, quienes aprovechando el fragor de los sucesos, consolidaron esa confianza con discursos y proclamas, como fue hecha por uno de ellos, Sebastián Pagador:
"AMIGOS, PAISANOS Y COMPAÑEROS: Estad ciertos de que se intenta la más alevosa traición contra nosotros por los chapetones; esta noticia acaba de impartírseme por mi hija; en ninguna ocasión podremos dar evidentes pruebas de honor y amor por la Patria, sino en esta. No estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas en defensa de la Patria, convirtiendo toda la humanidad y rendimiento con que hasta aquí hemos sufrido la traición de los chapetones, en ira y furor, para despedazarlos y acabar, si es posible, con esta maldita raza".
Pero, qué dijo Juan Alberto Mejía, abogado de la Real Audiencia en su confesión de 1784:
"El origen de dicha sublevación fue una aprehensión que formó la plebe de Oruro de que los españoles europeos que allí había y vivían en la casa de Don Diego Flores, parte de ellos, en la que reunieron sus caudales y personas, los habían de matar, no fiándose de dicha plebe, temerosos de ser entregados por ella a los indios, que ya hacía algún tiempo estaban alterados en las provincias inmediatas y Oruro prevenida para en el caso de algún acometimiento, con arreglamento de algunas Compañías, y demás providencias conducentes a la defensa; cuya aprehensión parece que fundó la plebe en ciertas expresiones relativas a este mismo concepto, con que hubieron de explicarse los europeos don Francisco Santelices y don José Caballero, sobre las que oyó hablar el confesante a don Ventura Ayarza, también europeo manifestando al corregidor don Ramón de Urrutia (en cuya casa se hallaba el mismo que confiesa y la que trataba con frecuencia sirviéndole muchas veces de asesor confidencial) estas terminantes palabras:
"Es preciso, señor Corregidor, que cuando haya invasión de indios, vayan los cholos por delante y quitar las armas de fuego a los que las tengan porque no habremos de pelear con dos enemigos".
Que las otras especies de Santelices y Caballero las oyó entre otras personas a Clemente Menacho, el que le aseguró al confesante haberlas proferido los mismos citados, habiendo entendido también el confesante de Nicolás Iriarte, en cuya casa vivía, que había ido a dar cuenta al mismo Corregidor para que hiciera alguna satisfacción sobre dichas especies a las gentes acuarteladas, que se le había quejado a Iriarte como oficial de una de las Compañías".
Sumario del 21 de febrero de 1781, declaración de Clemente Menacho:
"Se levantó una voz general esa noche cual fue decirse que los europeos habían maquinado quitar la vida a todos los criollos por suponer que ellos se podían hacer al bando de los indios de manera que las mujeres y deudos de los soldados que se hallaban acuartelados se alborotaron y les llevaron cuchillos, algunas armas de fuego y piedras para la defensa".
Mientras que el testimonio de Manuel Herrera señalaba: "A vista de esto (la negativa de Herrera) regresando a la Plaza advertí que la Primera Compañía de negros al cargo de Santelices y otra que guardaba la esquina de la Matriz, habían avanzado a la gente tumultuada que estaba cerca de las Cajas Reales; igualmente; vi que estaba ardiendo ya la casa de Endeyza, Blanco y otros europeos que se habían acogido en ella, con sus caudales en cantidad de 150.000 a 200.000 pesos a la cual habían puesto fuego aquella Compañía que se había puesto de resguardo en aquel sitio y no pudiendo ya entrar a la Plaza, oyendo entre la gritería las voces de "mata chapetones" y el fuego que hacían Endeyza y los demás que se hallaban en la precitada casa, me mantuve a caballo dando vueltas por fuera de la Villa para ver si entraban indios creyendo que al amanecer se serenase aquel tumulto que me persuadí fuese solo objeto de robar los muchos caudales que se hallaban en casa de Endeyza; pero observando ser que ya era el tumulto general e igualmente el saqueo y el robo y que solo dirigían a quitar las vidas a los chapetones, oyendo la gritería mezclada con los lamentos, escogí el mejor partido de salir fugitivo a Cochabamba".
Los pocos españoles que se encontraban en la casa situada en la Plaza del Regocijo fueron muertos por los orureños, consolidando sólo por ese día el grito revolucionario del 10 de Febrero. Los europeos muertos fueron:
José de Endeyza, Juan Blanco Cruz, Miguel Salinas, Francisco Palazuelos, Juan Pedro Jiménez, Joseph Casas, Pedro Lagrava, Ventura Ayarza, Vicente Larral y Ramón del Llano. Los cuatro primeros de la lista eran ricos comerciantes, sobre todo Endeyza. Este era uno de los principales comerciantes que cubría la ruta de Oruro – Potosí y Buenos Aires. Blanco era un comerciante radicado en Salta.
Según la versión de varios historiadores, después de ese día la revolución que debía extenderse hasta Cochabamba no se la hizo, porque los españoles retornaron a Oruro y con la traición de los indios hacia sus héroes, se frustró para que el movimiento siga creciendo, pero lo que no pudieron hacer, que esa "llama" que germinó ese día, continúe alumbrando el camino de la independencia que más tarde tendría su término en Bolivia, con la Fundación de la República, el 6 de Agosto de 1825.
Ese hecho del 10 de Febrero significó la cárcel para muchos de los cabecillas, como los hermanos Rodríguez que terminaron sus días en la cárcel de Buenos Aires, mientras que para Sebastián Pagador significó la muerte la mañana del 15 de febrero en manos de los propios indígenas a plan de palos y cuchillazos.
El sargento Sebastián Pagador resguardaba el dinero de las cajas reales para continuar con el movimiento libertario a la espera de la llegada de Túpac Amaru, hecho que nunca se dio.
Es complicado entender la historia desde diferentes puntos de vista, unos cronistas resaltando a personajes que para otros no lo son y viceversa. Sin embargo, lo que está claro, que fue Oruro el centro de los principales movimientos revolucionarios y donde las ideologías de la independencia marcaron un rumbo que fue asimilado rápidamente para terminar en un país constituido y cuya ingratitud a ese aporte se vio reflejado en la negativa de ser un departamento en la Fundación de la República.
Los héroes orureños dejan un gran mensaje que debe ser tomado en cuenta ahora, y es el de la unidad que debe estar perenne en cada uno, porque solo así se logrará vencer al yugo de la desidia y desasosiego que reina entre los orureños por intereses muy personales, políticos y de grupo.
Es Oruro la tierra de los luchadores, es Oruro la tierra donde está el pensamiento constante de la revolución, pero es Oruro también un terruño bendecido por Dios, porque tenemos riqueza natural envidiada por otras regiones, riqueza cultural que nos identifica como la Capital del Folklore de Bolivia y su Carnaval, el más maravilloso del mundo, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, cuya esencia central es la fe y devoción a nuestra Patrona, la Virgen del Socavón.
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Historia
Símbolos de Oruro
Los símbolos del departamento de Oruro son importantes para los habitantes de esta alta tierra, pues es su identidad. Se trata de elementos con los que se supone que todos se identifican y lo que les permite a los orureños distinguirse de otros habitantes de Bolivia.
La bandera rojo carmesí, el Himno y por supuesto el escudo.
Descripción del escudo de Oruro
El escudo de armas de la ciudad capital y del departamento de Oruro, se caracteriza por la siguiente descripción heráldica:
Se adopta el escudo del departamento de Oruro el 26 de diciembre de 1903.
Resolución Prefectural N° 181/2003 Resolución Prefectural N° 315/2003
Ordenanza Municipal N° 51/05
Artículo tercero.- como:
Sobre el cuartel del cantón diestro del jefe.- en fondo azur, se encuentra el ave fénix, de color blanco con alas doradas, surgiendo de sus propias cenizas de una hoguera. Es símbolo de la inmortalidad y del resurgimiento de este pueblo.
Sobre el tercer cuartel en el centro o corazón -destacase imponente el majestuoso Sajama, acompañado en el flanco diestro de otro cerro menor.
En su base, ornando los pies del Sajama, se extienden las paralelas de hierro sobre las que avanza la primera locomotora "Oruro" que ingresará a bolivia.-1892.
A la diestra una rama olivo.
Rozón, con los colores de la tricolor nacional simbolizando la perennidad de pertenecer a la Nación boliviana.
Rótulo "Oruro" color plata, representa el nombre del departamento, así como de su ciudad capital mientras que el color "plata" simboliza a la industria minera (estaño).
Primera impresión del escudo de Oruro en el libro del Dr. Adolfo Mier "Noticia y proceso de la muy Noble y Leal Villa de San Felipe de Austria". Tomo I y II. 1909-1913,
Sobre el cuartel del cantón diestro del jefe.- En fondo azul, se encuentra el Ave Fénix, de color blanco con alas doradas, surgiendo de sus propias cenizas de una hoguera. Es símbolo de la inmortalidad y del resurgimiento de este pueblo.
Forma acorazada, heráldicamente definido como: Coronado terminado en punta" con una proporción de seis unidades de longitud y cinco de latitud, divididas con líneas de esmalte color oro y tres cuarteles en campo azur (azul).
En el cuartel del cantón siniestro del jefe.- Sobre esmalte azul se cruzan las herramientas de la minería: simboliza el trabajo y la industria extractiva que caracteriza a la minería.
Flanco siniestro.- Se encuentra el lago Poopó, un bote a vela flota cómo símbolo de "reivindicación marítima".
Flanco siniestro.- Una llama que mira a la orilla del lago Poopó, representa la riqueza camélida del departamento.
A la siniestra una rama de laurel, son plantas perennes, simbolizan la inmortalidad de los pueblos.
Todo el escudo estará orlado en oro, simbolizando la nobleza, riqueza, poder y sabiduría ancestral de nuestro pueblo,’ mientras el campo azur (azul) representa la justicia, verdad y lealtad.
El campo exterior del escudo departamental, es de color carmesí, significa "i sangre arterial de nuestros antepasados por legarnos patria y libertad".
El artífice de la creación y definitivo escudo de altas características nobiliarias fue el orureño Dr. Fortino Aguirre, destacado directivo de la sociedad "10 de febrero" y antiguo presidente de la municipalidad de Oruro. El año 1895.
Himno a Oruro
Cuando irradia el fulgor de la aurora al morir en la tierra el capuz,
todo el mundo de pie te saluda,
porque nace en tus cumbres la luz.
El Sajama es el trono sublime
do se asienta la hermosa deidad
la que vino radiante del cielo
coronada de luz y libertad.
Pagador el titán de los Andes
ante quien humillóse el león,
como Dios separando tinieblas
con su genio forjó otra creación.
Él, también en el mar de la vida
cual Colón otro mundo nos da
libertad, que es el mundo bendito
donde vive feliz el mortal.
Letra: José Encinas Nieto
Música: César Achaval
La bandera rojo carmesí, el Himno y por supuesto el escudo.
Descripción del escudo de Oruro
El escudo de armas de la ciudad capital y del departamento de Oruro, se caracteriza por la siguiente descripción heráldica:
Se adopta el escudo del departamento de Oruro el 26 de diciembre de 1903.
Resolución Prefectural N° 181/2003 Resolución Prefectural N° 315/2003
Ordenanza Municipal N° 51/05
Artículo tercero.- como:
Sobre el cuartel del cantón diestro del jefe.- en fondo azur, se encuentra el ave fénix, de color blanco con alas doradas, surgiendo de sus propias cenizas de una hoguera. Es símbolo de la inmortalidad y del resurgimiento de este pueblo.
Sobre el tercer cuartel en el centro o corazón -destacase imponente el majestuoso Sajama, acompañado en el flanco diestro de otro cerro menor.
En su base, ornando los pies del Sajama, se extienden las paralelas de hierro sobre las que avanza la primera locomotora "Oruro" que ingresará a bolivia.-1892.
A la diestra una rama olivo.
Rozón, con los colores de la tricolor nacional simbolizando la perennidad de pertenecer a la Nación boliviana.
Rótulo "Oruro" color plata, representa el nombre del departamento, así como de su ciudad capital mientras que el color "plata" simboliza a la industria minera (estaño).
Primera impresión del escudo de Oruro en el libro del Dr. Adolfo Mier "Noticia y proceso de la muy Noble y Leal Villa de San Felipe de Austria". Tomo I y II. 1909-1913,
Sobre el cuartel del cantón diestro del jefe.- En fondo azul, se encuentra el Ave Fénix, de color blanco con alas doradas, surgiendo de sus propias cenizas de una hoguera. Es símbolo de la inmortalidad y del resurgimiento de este pueblo.
Forma acorazada, heráldicamente definido como: Coronado terminado en punta" con una proporción de seis unidades de longitud y cinco de latitud, divididas con líneas de esmalte color oro y tres cuarteles en campo azur (azul).
En el cuartel del cantón siniestro del jefe.- Sobre esmalte azul se cruzan las herramientas de la minería: simboliza el trabajo y la industria extractiva que caracteriza a la minería.
Flanco siniestro.- Se encuentra el lago Poopó, un bote a vela flota cómo símbolo de "reivindicación marítima".
Flanco siniestro.- Una llama que mira a la orilla del lago Poopó, representa la riqueza camélida del departamento.
A la siniestra una rama de laurel, son plantas perennes, simbolizan la inmortalidad de los pueblos.
Todo el escudo estará orlado en oro, simbolizando la nobleza, riqueza, poder y sabiduría ancestral de nuestro pueblo,’ mientras el campo azur (azul) representa la justicia, verdad y lealtad.
El campo exterior del escudo departamental, es de color carmesí, significa "i sangre arterial de nuestros antepasados por legarnos patria y libertad".
El artífice de la creación y definitivo escudo de altas características nobiliarias fue el orureño Dr. Fortino Aguirre, destacado directivo de la sociedad "10 de febrero" y antiguo presidente de la municipalidad de Oruro. El año 1895.
Himno a Oruro
Cuando irradia el fulgor de la aurora al morir en la tierra el capuz,
todo el mundo de pie te saluda,
porque nace en tus cumbres la luz.
El Sajama es el trono sublime
do se asienta la hermosa deidad
la que vino radiante del cielo
coronada de luz y libertad.
Pagador el titán de los Andes
ante quien humillóse el león,
como Dios separando tinieblas
con su genio forjó otra creación.
Él, también en el mar de la vida
cual Colón otro mundo nos da
libertad, que es el mundo bendito
donde vive feliz el mortal.
Letra: José Encinas Nieto
Música: César Achaval
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Arte y Cultura,
Historia
En 1781 En Oruro no existía Ejército y eran las milicias las que debían garantizar el orden y la defensa
Sin duda, la Revolución del 10 de Febrero de 1781, marca un acontecimiento muy importante para los orureños, esta fecha en la que se recuerda un año más de la rebelión criolla que tuvo contexto en las rebeliones del siglo XVIII.
Pero un aspecto importante, también surge ante la duda que se plantean cuando se habla de los militares que defendían las colinas frente a las agresiones de otras potencias.
Si bien, Oruro no contaba con un Ejército, debido a que no existían peligros inmediatos, surge la posibilidad de que en caso de invasión extranjera o sublevación interna, la defensa y el orden estarían garantizados por un cuerpo de milicias.
Esta aseveración es confirmada por Fernando Cajías de la Vega, en su libro Oruro 1781: Sublevación de indios y Rebelión Criolla, donde se manifiesta que el mantener un Ejército para garantizar la defensa de las colonias ameritaba un enorme gasto y entre las mayores inversiones estaban mantener las fortalezas y armamento, sin dejar de lado los sueldos a los integrantes.
"También se mantenían tropas regulares en las sedes de Gobiernos importantes, tales como las capitales de Virreinato o sedes de Audiencia y en aquellas zonas constantemente asechadas por los grupos indígenas indomables. En la audiencia de Charcas, un ejemplo típico era el de las fronteras de Tomina, donde los gastos militares estaban destinados a repeler los ataques chiriguanos", expresa parte del libro de Cajías.
Oruro, considerada como una ciudad interiorana no tenía un Ejército regular, pero los altos mandos de las milicias eran integradas por vecinos notables y la tropa se formaba con base en el pueblo.
Esta parte de la milicia, era reclutada y acuartelada sólo en caso de emergencia, pero obtener un grado militar y mando en las milicias era muy apreciado durante la colonia por ser una forma de asegurar el dominio político y económico y por razón de prestigio, un cargo de ese tipo afianzaba el status de un individuo, ya que al ocupar uno de estos cargos, subía su prestigio económico, aunque lejos de ser de nobleza, en la colonia daba una imagen aristocrática.
Se puede decir que en esa época, la historia de las milicias de Oruro, tuvo dos premisas, la primera era el acuartelamiento en caso de emergencia y la otra era la concentración paulatina de los cargos jerárquicos en manos de os vecinos económicamente importantes, en su mayoría criollos.
En Oruro, en 1739 se nombró a Antonio Paniagua Mesia de Loayza, comandante de la Villa de Oruro, en ese entonces se puede decir el cargo más militar más importante subordinado solamente al corregidor, que mantuvo a las milicias acuarteladas durante un año.
Según Cajías, Paniagua ejerció el cargo durante quince años, pero al no haber milicias acuarteladas, no suponía mayor trabajo, es así que por razones de salud, se retiró a Arque, dejando el cargo a Gerardo Bernardo de Torres, quien en 1755 recibió el nombramiento oficial del corregidor que fue confirmado por el Virrey.
En 1760, Juan de Dios Rodríguez empezó como capitán de Infantería y sus obligaciones eran acudir a los casos y cosas que se ofrecieran y estar pronto al reparo del cualesquiera maquinaciones y sublevaciones que se intentasen, como se ha experimentado otras veces, estando a la vela con el escuadrón o batallón que se hubiese de destinar a su cuidado.
En 1763, Juan de Dios, solicitó que por sus duras tareas en la mina, se lo nombrara capitán reformado esto quería decir que no tenía que estar de lleno en el ejercicio militar, pero gozaba de los mismos privilegios que un capitán de número. Su solicitud fue aceptada por el Virrey, un año después, es decir en 1764, año en el que además le dio el título de Teniente Coronel del Regimiento de Milicias San Felipe El Real de la Villa de Oruro y en 1770 fue nombrado como coronel.
Similar camino, fue el que siguió su hermano Jacinto Rodríguez quien obtenía los cargos que dejaba Juan de Dios, por lo que los cargos jerárquicos más importantes en el Regimiento de Milicias de Oruro, estaban en manos de la familia criolla de los Rodríguez.
Cuando el 10 de febrero de 1781 se aproximaba, un cierto clima de tensión crecía debido a la situación conflictiva que casi siempre se definía con violencia, en ámbito de las milicias y lo que acontecía en su composición, es así que al aproximarse el año en cuestión, se formaron cinco compañías de las cuales cuatro eran de criollos y mestizos y una de negros, a las cuales el corregidor nombró un cuerpo de oficiales para cada una. De los cinco capitanes, tres eran europeos, Fernando Gurruchaga, José Ruiz Sorzano y al mando de los negros, Francisco de Santelices, es ahí donde aparece Sebastián Pagador, quien era sargento en una de las dos compañías que eraban al mando de criollos.
El malestar creado por el nombramiento de oficiales europeos no era el único. El hecho de que se diera una Compañía al odiado Santelices fue juzgado por los criollos como una provocación, motivo por el que las rencillas y recelos fueron en aumento y tanto europeos como criollos se acusaron mutuamente de provocaciones y se confirmó que la rivalidad era muy profunda.
Consideremos que el 10 de Febrero hoy por hoy, es una de las fechas cívicas más importantes de Oruro, por no decir la más, donde Sebastián Pagador fue el héroe regional más importante de la ciudad, aunque todavía no se tiene conocimiento a detalle de los que verdaderamente pasó y cuál fue el papel que representó Pagador, se debe tomar en cuenta que además del nombrado, existieron figuras como la de Santos Mamani o la de Gabriel Menéndez, quienes fueron tan protagonistas como Pagador.
Pero un aspecto importante, también surge ante la duda que se plantean cuando se habla de los militares que defendían las colinas frente a las agresiones de otras potencias.
Si bien, Oruro no contaba con un Ejército, debido a que no existían peligros inmediatos, surge la posibilidad de que en caso de invasión extranjera o sublevación interna, la defensa y el orden estarían garantizados por un cuerpo de milicias.
Esta aseveración es confirmada por Fernando Cajías de la Vega, en su libro Oruro 1781: Sublevación de indios y Rebelión Criolla, donde se manifiesta que el mantener un Ejército para garantizar la defensa de las colonias ameritaba un enorme gasto y entre las mayores inversiones estaban mantener las fortalezas y armamento, sin dejar de lado los sueldos a los integrantes.
"También se mantenían tropas regulares en las sedes de Gobiernos importantes, tales como las capitales de Virreinato o sedes de Audiencia y en aquellas zonas constantemente asechadas por los grupos indígenas indomables. En la audiencia de Charcas, un ejemplo típico era el de las fronteras de Tomina, donde los gastos militares estaban destinados a repeler los ataques chiriguanos", expresa parte del libro de Cajías.
Oruro, considerada como una ciudad interiorana no tenía un Ejército regular, pero los altos mandos de las milicias eran integradas por vecinos notables y la tropa se formaba con base en el pueblo.
Esta parte de la milicia, era reclutada y acuartelada sólo en caso de emergencia, pero obtener un grado militar y mando en las milicias era muy apreciado durante la colonia por ser una forma de asegurar el dominio político y económico y por razón de prestigio, un cargo de ese tipo afianzaba el status de un individuo, ya que al ocupar uno de estos cargos, subía su prestigio económico, aunque lejos de ser de nobleza, en la colonia daba una imagen aristocrática.
Se puede decir que en esa época, la historia de las milicias de Oruro, tuvo dos premisas, la primera era el acuartelamiento en caso de emergencia y la otra era la concentración paulatina de los cargos jerárquicos en manos de os vecinos económicamente importantes, en su mayoría criollos.
En Oruro, en 1739 se nombró a Antonio Paniagua Mesia de Loayza, comandante de la Villa de Oruro, en ese entonces se puede decir el cargo más militar más importante subordinado solamente al corregidor, que mantuvo a las milicias acuarteladas durante un año.
Según Cajías, Paniagua ejerció el cargo durante quince años, pero al no haber milicias acuarteladas, no suponía mayor trabajo, es así que por razones de salud, se retiró a Arque, dejando el cargo a Gerardo Bernardo de Torres, quien en 1755 recibió el nombramiento oficial del corregidor que fue confirmado por el Virrey.
En 1760, Juan de Dios Rodríguez empezó como capitán de Infantería y sus obligaciones eran acudir a los casos y cosas que se ofrecieran y estar pronto al reparo del cualesquiera maquinaciones y sublevaciones que se intentasen, como se ha experimentado otras veces, estando a la vela con el escuadrón o batallón que se hubiese de destinar a su cuidado.
En 1763, Juan de Dios, solicitó que por sus duras tareas en la mina, se lo nombrara capitán reformado esto quería decir que no tenía que estar de lleno en el ejercicio militar, pero gozaba de los mismos privilegios que un capitán de número. Su solicitud fue aceptada por el Virrey, un año después, es decir en 1764, año en el que además le dio el título de Teniente Coronel del Regimiento de Milicias San Felipe El Real de la Villa de Oruro y en 1770 fue nombrado como coronel.
Similar camino, fue el que siguió su hermano Jacinto Rodríguez quien obtenía los cargos que dejaba Juan de Dios, por lo que los cargos jerárquicos más importantes en el Regimiento de Milicias de Oruro, estaban en manos de la familia criolla de los Rodríguez.
Cuando el 10 de febrero de 1781 se aproximaba, un cierto clima de tensión crecía debido a la situación conflictiva que casi siempre se definía con violencia, en ámbito de las milicias y lo que acontecía en su composición, es así que al aproximarse el año en cuestión, se formaron cinco compañías de las cuales cuatro eran de criollos y mestizos y una de negros, a las cuales el corregidor nombró un cuerpo de oficiales para cada una. De los cinco capitanes, tres eran europeos, Fernando Gurruchaga, José Ruiz Sorzano y al mando de los negros, Francisco de Santelices, es ahí donde aparece Sebastián Pagador, quien era sargento en una de las dos compañías que eraban al mando de criollos.
El malestar creado por el nombramiento de oficiales europeos no era el único. El hecho de que se diera una Compañía al odiado Santelices fue juzgado por los criollos como una provocación, motivo por el que las rencillas y recelos fueron en aumento y tanto europeos como criollos se acusaron mutuamente de provocaciones y se confirmó que la rivalidad era muy profunda.
Consideremos que el 10 de Febrero hoy por hoy, es una de las fechas cívicas más importantes de Oruro, por no decir la más, donde Sebastián Pagador fue el héroe regional más importante de la ciudad, aunque todavía no se tiene conocimiento a detalle de los que verdaderamente pasó y cuál fue el papel que representó Pagador, se debe tomar en cuenta que además del nombrado, existieron figuras como la de Santos Mamani o la de Gabriel Menéndez, quienes fueron tan protagonistas como Pagador.
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Historia
ODAS PRIMIGENIAS AL 10 DE FEBRERO DE 1781
De el libro "Noticia y Proceso de la Muy Noble y Leal Villa Real de San Felipe de Austria" editado en 1906 por el Dr. Adolfo Mier y León, reimpreso en homenaje al Cuarto Centenario de la Fundación de Oruro, el año 2006, con el apoyo del Instituto de Estudios Bolivianos, la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de San Andrés y el Instituto Francés de Estudios Andinos de Lima-Perú, se ha rescatado algunos cantares.
Es el primer homenaje poético a este episodio de rebeldía en Oruro. Dejan correr la pluma, poetas, ciudadanos de estirpe y otros que se integraron a este tributo, motivados por la valentía de nuestros héroes, que nos legaron su testimonio de generosidad hacia este bendito suelo, al enfrentarse a la tiranía del sistema.
Estos fragmentos de Poesía épica, tienen ímpetu. Es el sentimiento puro que se apodera para cantarle a Oruro, que rememora su historia. Ha de existir vorágines lapidarios, debemos fortalecernos y ensalzar nuestro memorable aniversario. Una prueba del patriotismo, son estos fragmentos:
Isauro Sotomayor:
"A PAGADOR" (Oruro, 1887)
Bravos hijos del grande Sajama
bendecid de los libres la tierra;
y al clamor de conquistas y guerra
de la patria en defensa corred"
Julio Montealegre
"SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"En el templo sagrado que se alza
por los pueblos, en premio al heroísmo;
hoy; tu nombre, tu excelso civismo
del Sajama los hijos ensalzan".
A. Navarro
"A SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"¡Loor! al infatigable y leal soldado,
genio inmortal de nobles convicciones;
coloso fundador cuyas lecciones,
servirán para el bien del porvenir".
Constancio Renjel
"A SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"El Sajama, que es tu mausoleo,
esculpida por dioses presenta
una lápida, donde se ostenta
tu civismo, que te hizo morir".
Augusto Pórrez (1864-1890), nació en Cochabamba, vivió casi toda su vida en Oruro, colaboró en publicaciones y a través de ellos, defendió al pueblo de los opresores.
"AL 10 DE FEBRERO" (Oruro, 1887)
"Más, si aún quedan los campos de sangre,
porque aún sigue usurpando el malvado.
pelearemos, oh! Patria y que el hado
nos dé triunfo y dichoso vivir".
Benjamín Guzmán C. Poeta chuquisaqueño, comprendió que la Revolución del 10 de febrero, logró consolidar el instante decisivo de nuestra libertad y enaltece la gallardía de Pagador.
"LA PATRIA DE PAGADOR" (Sucre 1896)
"…Por eso al ver su valor
exclaman con santo amor
y con ternura infinita
¡¡Bendita seas bendita
Oh patria de Pagador!!"
José Antonio Ramallo. Su poema es canto, traza un íntimo deseo de conjurar contra la lobreguez, la insolencia del déspota. Oruro, es y será horizonte y luz.
"A ORURO EN EL DIA DE SU GLORIA" (Oruro 1908)
"Llamó a sus dignos hijos, que nobles la rodearon,
sus lágrimas bebiendo para adquirir valor;
y todos en concierto en sus aras juraron
romper esas cadenas ahogando al opresor".
Hay una razón para llenarte de soles/ de esculpir tu nombre en las piedras de la puna/ recobrarte de los ángulos que te marginan/ que te limitan de las ninfas, esta altura de cumbre/ me envuelve en hilos/ a las cuatro estaciones en un día/ cuencas subterráneas/ secretos de la arena/ moradores de este cosmos/. No es tarde para que de nuevo/ avances en la historia de la trilogía. Bendita, bendita ciudad de ORURO.
En esta nueva conmemoración, renovemos el fiel compromiso con Dios y con nuestros protomártires de defender este patrimonio, otrora Real Villa de San Felipe de Austria, después ciudad cosmopolita, hoy Oruro inmortal, donde todo el mundo de pie te saluda.
Es el primer homenaje poético a este episodio de rebeldía en Oruro. Dejan correr la pluma, poetas, ciudadanos de estirpe y otros que se integraron a este tributo, motivados por la valentía de nuestros héroes, que nos legaron su testimonio de generosidad hacia este bendito suelo, al enfrentarse a la tiranía del sistema.
Estos fragmentos de Poesía épica, tienen ímpetu. Es el sentimiento puro que se apodera para cantarle a Oruro, que rememora su historia. Ha de existir vorágines lapidarios, debemos fortalecernos y ensalzar nuestro memorable aniversario. Una prueba del patriotismo, son estos fragmentos:
Isauro Sotomayor:
"A PAGADOR" (Oruro, 1887)
Bravos hijos del grande Sajama
bendecid de los libres la tierra;
y al clamor de conquistas y guerra
de la patria en defensa corred"
Julio Montealegre
"SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"En el templo sagrado que se alza
por los pueblos, en premio al heroísmo;
hoy; tu nombre, tu excelso civismo
del Sajama los hijos ensalzan".
A. Navarro
"A SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"¡Loor! al infatigable y leal soldado,
genio inmortal de nobles convicciones;
coloso fundador cuyas lecciones,
servirán para el bien del porvenir".
Constancio Renjel
"A SEBASTÍAN PAGADOR" (Oruro, 1887)
"El Sajama, que es tu mausoleo,
esculpida por dioses presenta
una lápida, donde se ostenta
tu civismo, que te hizo morir".
Augusto Pórrez (1864-1890), nació en Cochabamba, vivió casi toda su vida en Oruro, colaboró en publicaciones y a través de ellos, defendió al pueblo de los opresores.
"AL 10 DE FEBRERO" (Oruro, 1887)
"Más, si aún quedan los campos de sangre,
porque aún sigue usurpando el malvado.
pelearemos, oh! Patria y que el hado
nos dé triunfo y dichoso vivir".
Benjamín Guzmán C. Poeta chuquisaqueño, comprendió que la Revolución del 10 de febrero, logró consolidar el instante decisivo de nuestra libertad y enaltece la gallardía de Pagador.
"LA PATRIA DE PAGADOR" (Sucre 1896)
"…Por eso al ver su valor
exclaman con santo amor
y con ternura infinita
¡¡Bendita seas bendita
Oh patria de Pagador!!"
José Antonio Ramallo. Su poema es canto, traza un íntimo deseo de conjurar contra la lobreguez, la insolencia del déspota. Oruro, es y será horizonte y luz.
"A ORURO EN EL DIA DE SU GLORIA" (Oruro 1908)
"Llamó a sus dignos hijos, que nobles la rodearon,
sus lágrimas bebiendo para adquirir valor;
y todos en concierto en sus aras juraron
romper esas cadenas ahogando al opresor".
Hay una razón para llenarte de soles/ de esculpir tu nombre en las piedras de la puna/ recobrarte de los ángulos que te marginan/ que te limitan de las ninfas, esta altura de cumbre/ me envuelve en hilos/ a las cuatro estaciones en un día/ cuencas subterráneas/ secretos de la arena/ moradores de este cosmos/. No es tarde para que de nuevo/ avances en la historia de la trilogía. Bendita, bendita ciudad de ORURO.
En esta nueva conmemoración, renovemos el fiel compromiso con Dios y con nuestros protomártires de defender este patrimonio, otrora Real Villa de San Felipe de Austria, después ciudad cosmopolita, hoy Oruro inmortal, donde todo el mundo de pie te saluda.
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Arte y Cultura,
Historia
Comercio en Oruro surge a raíz de la explotación de minerales
El comercio en Oruro surge a raíz de la explotación de mineral, poco después de la conquista, España implantó en América un sistema económico basado fundamentalmente en la extracción de metales preciosos. Por tanto, la minería se transformó en la actividad económica central del mundo colonial.
Las minas de plata de Oruro fueron explotadas por pequeños mineros españoles desde mediados del siglo XVI, sin embargo, a principios del siglo XVII se descubrió una nueva veta de mineral casi puro.
Este hallazgo empujó a los pobladores a solicitar tanto la concesión de indios de mita como la fundación de una ciudad. El auge de la minería orureña duró poco tiempo y su producción se basó en el trabajo asalariado.
En ese entendido, se puede decir que los yacimientos de plata ya existían mucho antes de 1535, esto hizo que aquel primer campamento minero se transformara en villa, por el crecimiento poblacional para luego convertirse en ciudad.
Mientras la ciudad crecía también lo hicieron las necesidades de los pobladores, en cuanto a la demanda de alimentos, material de trabajo, ropa, y otras necesidades domesticas, puesto que desde su fundación este fue creciendo rápidamente, se conoce de este fenómeno social por el informe enviado por Diego de Medrano a la Real Audiencia de Charcas, donde daba referencias de la cantidad de familias en la villa.
Estaban asentadas alrededor de 50 familias españolas, incluidos en los 400 iberoaméricos y más de mil indios. El interés que Oruro crezca en población era primordial porque el Rey se veía beneficiado por la extracción de mineral siendo este comparado con lo que se obtenía del Cerro Rico de Potosí.
Así que se dio la orden de contratar a todo foráneo que pidiera trabajo en las minas de Oruro, se cree que en algún tiempo, la población habría llegado a un número de 80 mil habitantes. Pero la necesidad de mano de obra no solo se veía en esta ciudad, también ocurría en Potosí, por tanto existieron reclamos que llegaron a oídos del Rey.
Pero aun así esta ciudad iba creciendo a pasos agigantados, al igual que la explotación de las minas, entre ellas, el Pie de Gallo, la Flamenca, Sora Sora Sepulturas, Paria, Salinas de Garci Mendoza, Berenguela y muchos otros.
Pero luego hubo un tiempo que la plata dejaba de ser un tema principal, esto por los acontecimientos ocurridos por la derrota de las tropas españolas frente a los ingleses, surgiendo la decadencia en el siglo XVIII.
Oruro disfrutó de los placeres de una vida próspera, pero la opulencia fue fugaz, seguido del empobrecimiento, para luego resurgir de las cenizas como el ave fénix y no desaparecer como ciudad.
Oruro desde un principio demostró grandes aptitudes para las artesanías, las manos, pero también primó el comercio, puesto que se tienen referencias de que se importaba cacao para la elaboración de chocolate y dulces, para elaborar estos productos se traía azúcar en maletas, puesto que era imprescindible para la alimentación de la población, aunque este no era refinado como actualmente se conoce.
En Oruro los principales oficios fueron carpinteros, empedradores, silleros curtidores, carniceros, barberos, cajeros, pintores, bordadores, torneros, cerrajeros, plateros, veleros, chocolateros, tinajeros, coqueros, cigarreros, entre otros.
De estos los más organizados fueron los coqueros, bordadores, plateros, solaperos. Más adelante se dicaron a la producción de fibra de ovinos y camélidos para tejer paños, sayales, bayetas, aguayos, llijllas, aplicados en polleras, mantas, blusas, sombreros, gorras, cortinas, colchas, frazadas, cojines, alfombras entre otras.
Existen datos que Paria fue productora de leche de oveja, para fabricar queso, esto también ocurrió en Poopó y Pazña. Pero la sal también fue parte del comercio, ya que se extraía grandes cantidades del Salar de Coipasa y Uyuni.
El comercio desde entonces fue creciendo en todos sus ámbitos hasta llegar a la industria de muchas de las materias primas que no necesariamente se producían en Oruro, pero sí se importaba desde el oriente.
De ahí que las artesanías surgen y el trabajo de los bordadores ocupa una gran parte del mercado local por las actividades culturales que se daban en aquel encontrones.
Algunos de estos comerciantes se fueron organizando, hasta crear organizaciones sólidas que defiendan los intereses de los orureños respecto al desarrollo económico que hasta la fecha se ve relegado, por el oportunismo y la falta de voluntad para generar espacios de exportación con normas internacionales y no perder las mismas por falta de políticas de inversión y fomento a la micro, pequeña y mediana empresa.
Las minas de plata de Oruro fueron explotadas por pequeños mineros españoles desde mediados del siglo XVI, sin embargo, a principios del siglo XVII se descubrió una nueva veta de mineral casi puro.
Este hallazgo empujó a los pobladores a solicitar tanto la concesión de indios de mita como la fundación de una ciudad. El auge de la minería orureña duró poco tiempo y su producción se basó en el trabajo asalariado.
En ese entendido, se puede decir que los yacimientos de plata ya existían mucho antes de 1535, esto hizo que aquel primer campamento minero se transformara en villa, por el crecimiento poblacional para luego convertirse en ciudad.
Mientras la ciudad crecía también lo hicieron las necesidades de los pobladores, en cuanto a la demanda de alimentos, material de trabajo, ropa, y otras necesidades domesticas, puesto que desde su fundación este fue creciendo rápidamente, se conoce de este fenómeno social por el informe enviado por Diego de Medrano a la Real Audiencia de Charcas, donde daba referencias de la cantidad de familias en la villa.
Estaban asentadas alrededor de 50 familias españolas, incluidos en los 400 iberoaméricos y más de mil indios. El interés que Oruro crezca en población era primordial porque el Rey se veía beneficiado por la extracción de mineral siendo este comparado con lo que se obtenía del Cerro Rico de Potosí.
Así que se dio la orden de contratar a todo foráneo que pidiera trabajo en las minas de Oruro, se cree que en algún tiempo, la población habría llegado a un número de 80 mil habitantes. Pero la necesidad de mano de obra no solo se veía en esta ciudad, también ocurría en Potosí, por tanto existieron reclamos que llegaron a oídos del Rey.
Pero aun así esta ciudad iba creciendo a pasos agigantados, al igual que la explotación de las minas, entre ellas, el Pie de Gallo, la Flamenca, Sora Sora Sepulturas, Paria, Salinas de Garci Mendoza, Berenguela y muchos otros.
Pero luego hubo un tiempo que la plata dejaba de ser un tema principal, esto por los acontecimientos ocurridos por la derrota de las tropas españolas frente a los ingleses, surgiendo la decadencia en el siglo XVIII.
Oruro disfrutó de los placeres de una vida próspera, pero la opulencia fue fugaz, seguido del empobrecimiento, para luego resurgir de las cenizas como el ave fénix y no desaparecer como ciudad.
Oruro desde un principio demostró grandes aptitudes para las artesanías, las manos, pero también primó el comercio, puesto que se tienen referencias de que se importaba cacao para la elaboración de chocolate y dulces, para elaborar estos productos se traía azúcar en maletas, puesto que era imprescindible para la alimentación de la población, aunque este no era refinado como actualmente se conoce.
En Oruro los principales oficios fueron carpinteros, empedradores, silleros curtidores, carniceros, barberos, cajeros, pintores, bordadores, torneros, cerrajeros, plateros, veleros, chocolateros, tinajeros, coqueros, cigarreros, entre otros.
De estos los más organizados fueron los coqueros, bordadores, plateros, solaperos. Más adelante se dicaron a la producción de fibra de ovinos y camélidos para tejer paños, sayales, bayetas, aguayos, llijllas, aplicados en polleras, mantas, blusas, sombreros, gorras, cortinas, colchas, frazadas, cojines, alfombras entre otras.
Existen datos que Paria fue productora de leche de oveja, para fabricar queso, esto también ocurrió en Poopó y Pazña. Pero la sal también fue parte del comercio, ya que se extraía grandes cantidades del Salar de Coipasa y Uyuni.
El comercio desde entonces fue creciendo en todos sus ámbitos hasta llegar a la industria de muchas de las materias primas que no necesariamente se producían en Oruro, pero sí se importaba desde el oriente.
De ahí que las artesanías surgen y el trabajo de los bordadores ocupa una gran parte del mercado local por las actividades culturales que se daban en aquel encontrones.
Algunos de estos comerciantes se fueron organizando, hasta crear organizaciones sólidas que defiendan los intereses de los orureños respecto al desarrollo económico que hasta la fecha se ve relegado, por el oportunismo y la falta de voluntad para generar espacios de exportación con normas internacionales y no perder las mismas por falta de políticas de inversión y fomento a la micro, pequeña y mediana empresa.
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Economia
Calles y plazas llevan nombres de héroes del 10 de Febrero de 1781
Sin lugar a dudas la fundación de Oruro trajo consigo una diversidad de curiosidades que marcaron una característica importante para el futuro no solo de nuestro territorio, también de todo el país, pues a través de ellas se logró el desarrollo de cada región.
Entre estas características destacamos la forma de cómo se planificó la construcción de viviendas y por ende la designación de calles en la Real Villa de San Felipe de Austria conocida actualmente como la ciudad de Oruro.
Recopilando información de los textos, "Resumen de la Historia de Bolivia" de Misael Pacheco Loma y "Oruro en su Historia" de Ángel Torres Sejas; se conoce que el fundador, Manuel de Castro y Padilla, entre las medidas de pre urbanización, mandó a Álvaro Moya y Pedro Maleto elaborar el trazo de la nueva "Villa" disponiendo que todas las casas erigidas sin plano alguno, sean demolidas, sin perjuicio para los dueños, porque se les compensaría en el reparto de solares, otros terrenos para la edificación de sus viviendas.
Calles, plazas y cuadras deberían responder a un trazo a compás; es decir a normas urbanísticas que no se observaron en la fundación de las villas de Charcas.
Asimismo según investigación de Ángel Torres Sejas, no se acostumbraba dar nombres específicos a calles y plazas, por lo que se las conocía por la mayor actividad en ellas; por ejemplo el cabildo estaba ubicado en el lado Norte de la plaza, en la calle del Rey, lo que ahora conocemos como Adolfo Mier.
Mientras que la calle La Plata fue designada de esta manera porque en la transversal, estaba ubicado el edificio de las cajas reales o recaudación de los quintos para el Rey.
En los barrios se fue nominando las calles con el nombre de las iglesias de su ubicación, como la calle importante que era donde se concentraban determinados comerciantes, fue denominada "los mercaderes", a la plaza de Regocijo, donde se efectuaban las corridas de toros y otros eventos se designó con el nombre del fundador de la Villa Manuel de Castro y Padilla, en la actualidad también lleva este nombre una de las áreas verdes en el centro de la ciudad, donde fue erigido en un monumento la imagen de este personaje.
Otra de las calles se denominó "Cruz Verde" lo que ahora se conoce como calle Junín, de esta manera se designó con una diversidad de nombres a las calles de la Villa de San Felipe de Austria.
Al pasar el tiempo, también se fue nominando las arterias de la ciudad tomando en cuenta fechas históricas como la de fundación de Oruro, es decir la calle 1ro. de Noviembre y de las que fueron parte de la historia de nuestra ciudad como la primera rebelión libertaria dirigida por los hermanos Jacinto y Juan de Dios Rodríguez de Herrera y Sebastián Pagador, el 10 de Febrero de 1781.
Como homenaje a los héroes que participaron en esta fecha importante, varias calles de la ciudad llevan nombres de personalidades que apoyaron con este hecho y que dieron su vida por lograr su liberación, tal como se explica en un trabajo publicado por la Alcaldía a través de la Oficialía Mayor de Cultura, cuando Fabrizio Cazorla Murillo estaba al mando de la repartición edil.
Una parte de la zona central lleva el nombre de los orureños que participaron en esta fecha heroica tal el caso de la calle Sebastián Pagador, quién fue uno de los líderes de la tropa o Ejército la noche del 9 de febrero de 1781 junto a los mestizos, quienes propagaron la noticia que los "chapetones" querían matar a los criollos y mestizos.
Este personaje fue asesinado por los indígenas el 15 de febrero por resguardar las Cajas Reales. Una plaza ubicada en la zona Norte de la ciudad, también lleva el mismo nombre donde se ubicó el monumento a Sebastián Pagador sobre un pedestal que tiene en sus costados una obra artística que muestra uno de los momentos importante de la rebelión.
De forma similar se nominó otra arteria con el nombre de calle Rodríguez en homenaje a los hermanos Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, que fueron reconocidos como cabecillas del levantamiento del 10 de Febrero de 1781 y apoyados en esta iniciativa libertaria por Sebastián Pagador.
Al día siguiente del levantamiento, Jacinto Rodríguez fue nombrado como corregidor y justicia mayor, persona que con anterioridad había presidido algunos cargos políticos como regidor decano de la Villa de Oruro y alcalde ordinario, en lo militar también alcanzó el grado de Teniente Coronel de las milicias.
Por su parte Juan de Dios Rodríguez fue corregidor de Oruro, de Paría y alcalde ordinario de primer voto, en lo militar el Rey Carlos III le nombró Capitán de Infantería por la calidad de "persona noble", alcanzando el título de coronel y colaborando en el reclutamiento de gente para la expedición del Mattogrosso.
La calle Herrera, fue designada de esta manera recordando a otro de los protagonistas de la primera rebelión libertaria como fue don Manuel de Herrera, quién fue elegido el 11 de febrero un día después del tumulto como alcalde de primer voto, aunque pesaban sobre él cargos como haberse aliado con los indígenas y haber vitoreado a Túpac Amaru.
Nicolás Herrera, hermano de Manuel de Herrera, fue declarado reo de segundo orden, quién también participó en la rebelión del 10 de Febrero junto a los criollos contra los españoles, también ocupó cargos importantes como ser corregidor de Paria.
Posteriormente fue aprendido y llevado a Potosí, pese a la insistencia de la defensa en su estado delicado de salud, falleció el 27 de febrero de 1784 en uno de los calabozos de la Real Cárcel.
Nicolás Caro, fue otro dirigente que participó en el levantamiento, fue abogado prominente de la Villa, a quién se le acusó de ser cabecilla de la revuelta del 10 de Febrero, entre sus bienes dejó pinturas y libros que son parte de la historia de nuestro terruño, su nombre figura entre los grandes protagonistas de la rebelión orureña cuyo aporte fue la alianza entre criollos, mestizos e indígenas.
La calle Adolfo Mier, ostentó el nombre de calle "Alianza", según se observa en una placa ubicada en alguna esquina de la arteria, (Adolfo Mier y Washington) se presume que el nombre colonial fue de "La Compañía" por el nombre de la Iglesia que se encontraba en una de sus cuadras, en dicha calle funcionaba la Escuela Central y a una cuadra hacía el Este se encontraba la casa de Jacinto Rodríguez.
La nominación actual de esta calle, se realizó en homenaje al patricio orureño Adolfo Mier, fundador de la Sociedad 10 de Febrero y autor de dos libros referidos a la rebelión, mediante los cuales se conoce bastante de esta fecha importante para nuestra historia.
Una calle que actualmente es concurrida es La Plata, denominada con anterioridad como calle "La Nueva" o de las "Cajas Reales", que después del enfrentamiento quedó en custodia de Sebastián Pagador, quién murió justamente por defender las Arcas Reales cuando fue asaltada por los indígenas.
En la calle La Plata se levantaron edificios como la Iglesia de la Compañía de Jesús o la escuela perteneciente a esta orden religiosa que desarrolló una importante labor educativa en la Villa de Oruro.
La plaza principal de nuestra ciudad o Plaza de Armas, fue denominada 10 de Febrero en homenaje a todos los ciudadanos que participaron en la rebelión histórica, recordando a cientos de personas que ofrendaron su vida por liberar a los pobladores del sometimiento español.
Entre estas características destacamos la forma de cómo se planificó la construcción de viviendas y por ende la designación de calles en la Real Villa de San Felipe de Austria conocida actualmente como la ciudad de Oruro.
Recopilando información de los textos, "Resumen de la Historia de Bolivia" de Misael Pacheco Loma y "Oruro en su Historia" de Ángel Torres Sejas; se conoce que el fundador, Manuel de Castro y Padilla, entre las medidas de pre urbanización, mandó a Álvaro Moya y Pedro Maleto elaborar el trazo de la nueva "Villa" disponiendo que todas las casas erigidas sin plano alguno, sean demolidas, sin perjuicio para los dueños, porque se les compensaría en el reparto de solares, otros terrenos para la edificación de sus viviendas.
Calles, plazas y cuadras deberían responder a un trazo a compás; es decir a normas urbanísticas que no se observaron en la fundación de las villas de Charcas.
Asimismo según investigación de Ángel Torres Sejas, no se acostumbraba dar nombres específicos a calles y plazas, por lo que se las conocía por la mayor actividad en ellas; por ejemplo el cabildo estaba ubicado en el lado Norte de la plaza, en la calle del Rey, lo que ahora conocemos como Adolfo Mier.
Mientras que la calle La Plata fue designada de esta manera porque en la transversal, estaba ubicado el edificio de las cajas reales o recaudación de los quintos para el Rey.
En los barrios se fue nominando las calles con el nombre de las iglesias de su ubicación, como la calle importante que era donde se concentraban determinados comerciantes, fue denominada "los mercaderes", a la plaza de Regocijo, donde se efectuaban las corridas de toros y otros eventos se designó con el nombre del fundador de la Villa Manuel de Castro y Padilla, en la actualidad también lleva este nombre una de las áreas verdes en el centro de la ciudad, donde fue erigido en un monumento la imagen de este personaje.
Otra de las calles se denominó "Cruz Verde" lo que ahora se conoce como calle Junín, de esta manera se designó con una diversidad de nombres a las calles de la Villa de San Felipe de Austria.
Al pasar el tiempo, también se fue nominando las arterias de la ciudad tomando en cuenta fechas históricas como la de fundación de Oruro, es decir la calle 1ro. de Noviembre y de las que fueron parte de la historia de nuestra ciudad como la primera rebelión libertaria dirigida por los hermanos Jacinto y Juan de Dios Rodríguez de Herrera y Sebastián Pagador, el 10 de Febrero de 1781.
Como homenaje a los héroes que participaron en esta fecha importante, varias calles de la ciudad llevan nombres de personalidades que apoyaron con este hecho y que dieron su vida por lograr su liberación, tal como se explica en un trabajo publicado por la Alcaldía a través de la Oficialía Mayor de Cultura, cuando Fabrizio Cazorla Murillo estaba al mando de la repartición edil.
Una parte de la zona central lleva el nombre de los orureños que participaron en esta fecha heroica tal el caso de la calle Sebastián Pagador, quién fue uno de los líderes de la tropa o Ejército la noche del 9 de febrero de 1781 junto a los mestizos, quienes propagaron la noticia que los "chapetones" querían matar a los criollos y mestizos.
Este personaje fue asesinado por los indígenas el 15 de febrero por resguardar las Cajas Reales. Una plaza ubicada en la zona Norte de la ciudad, también lleva el mismo nombre donde se ubicó el monumento a Sebastián Pagador sobre un pedestal que tiene en sus costados una obra artística que muestra uno de los momentos importante de la rebelión.
De forma similar se nominó otra arteria con el nombre de calle Rodríguez en homenaje a los hermanos Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, que fueron reconocidos como cabecillas del levantamiento del 10 de Febrero de 1781 y apoyados en esta iniciativa libertaria por Sebastián Pagador.
Al día siguiente del levantamiento, Jacinto Rodríguez fue nombrado como corregidor y justicia mayor, persona que con anterioridad había presidido algunos cargos políticos como regidor decano de la Villa de Oruro y alcalde ordinario, en lo militar también alcanzó el grado de Teniente Coronel de las milicias.
Por su parte Juan de Dios Rodríguez fue corregidor de Oruro, de Paría y alcalde ordinario de primer voto, en lo militar el Rey Carlos III le nombró Capitán de Infantería por la calidad de "persona noble", alcanzando el título de coronel y colaborando en el reclutamiento de gente para la expedición del Mattogrosso.
La calle Herrera, fue designada de esta manera recordando a otro de los protagonistas de la primera rebelión libertaria como fue don Manuel de Herrera, quién fue elegido el 11 de febrero un día después del tumulto como alcalde de primer voto, aunque pesaban sobre él cargos como haberse aliado con los indígenas y haber vitoreado a Túpac Amaru.
Nicolás Herrera, hermano de Manuel de Herrera, fue declarado reo de segundo orden, quién también participó en la rebelión del 10 de Febrero junto a los criollos contra los españoles, también ocupó cargos importantes como ser corregidor de Paria.
Posteriormente fue aprendido y llevado a Potosí, pese a la insistencia de la defensa en su estado delicado de salud, falleció el 27 de febrero de 1784 en uno de los calabozos de la Real Cárcel.
Nicolás Caro, fue otro dirigente que participó en el levantamiento, fue abogado prominente de la Villa, a quién se le acusó de ser cabecilla de la revuelta del 10 de Febrero, entre sus bienes dejó pinturas y libros que son parte de la historia de nuestro terruño, su nombre figura entre los grandes protagonistas de la rebelión orureña cuyo aporte fue la alianza entre criollos, mestizos e indígenas.
La calle Adolfo Mier, ostentó el nombre de calle "Alianza", según se observa en una placa ubicada en alguna esquina de la arteria, (Adolfo Mier y Washington) se presume que el nombre colonial fue de "La Compañía" por el nombre de la Iglesia que se encontraba en una de sus cuadras, en dicha calle funcionaba la Escuela Central y a una cuadra hacía el Este se encontraba la casa de Jacinto Rodríguez.
La nominación actual de esta calle, se realizó en homenaje al patricio orureño Adolfo Mier, fundador de la Sociedad 10 de Febrero y autor de dos libros referidos a la rebelión, mediante los cuales se conoce bastante de esta fecha importante para nuestra historia.
Una calle que actualmente es concurrida es La Plata, denominada con anterioridad como calle "La Nueva" o de las "Cajas Reales", que después del enfrentamiento quedó en custodia de Sebastián Pagador, quién murió justamente por defender las Arcas Reales cuando fue asaltada por los indígenas.
En la calle La Plata se levantaron edificios como la Iglesia de la Compañía de Jesús o la escuela perteneciente a esta orden religiosa que desarrolló una importante labor educativa en la Villa de Oruro.
La plaza principal de nuestra ciudad o Plaza de Armas, fue denominada 10 de Febrero en homenaje a todos los ciudadanos que participaron en la rebelión histórica, recordando a cientos de personas que ofrendaron su vida por liberar a los pobladores del sometimiento español.
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